La Iglesia en la Ciudad: Santiago de Chile, la Ciudad de los Conventos y su transformación en ciudad de edificios y equipamientos públicos.

La Iglesia, en los orígenes de la ciudad latinoamericana, actuó como un ente orientador del desarrollo urbano. En el caso de la ciudad de Santiago, apoyándonos en el trabajo de Sol Serrano (2008), este trabajo busca profundizar en la comprensión de este fenómeno, a partir de lo que denominaremos la Ciudad de los Conventos, es decir el desarrollo de una ciudad que giraba en torno a las iglesias durante la época colonial. Como indica el historiador de la arquitectura Gabriel Guarda, esta época la podemos comprender como la Edad Media de Chile debido a “cada vez más se señala la correspondencia de la llamada colonia con la Edad Media de Europa pareciera que en Chile tal paralelismo se subrayara” (Guarda, 1961)

Desde la perspectiva del desarrollo de la ciudad de Santiago, a pesar que se configuró a partir de un trazado regular de damero, en torno a la Plaza Mayor y la manzana de la catedral, con el tiempo el sistema regular se vio afectado hacia los perímetros, por la existencia de un tejido conventual. Por tejido conventual entendemos un complejo de edificaciones religiosas que se desplegaron en el territorio modificando el orden preestablecido al extenderse más allá del módulo regular y cuadrado de la manzana, abarcando mayores áreas y afectando la continuidad de algunas calles.

Adscribiendo a la ley de permanencia del plano planteada por el geógrafo francés Pierre Lavedan (1936) la comprensión de la ciudad actual se remonta a esta primera configuración religiosa de la capital. Como indica Ulises Carcamo “La influencia que pudo haber tenido la Iglesia Católica en la política de fundación de ciudades se evidencia, además de las donaciones de terrenos, en las denominaciones que se le asignaron a los nuevos núcleos urbanos, pues prácticamente todos tuvieron nombres religiosos.” (Sánchez, 2009). Hacia el siglo XIX esta ciudad de los conventos transita hacia una ciudad con diversos equipamientos públicos y privados, registrando así, un proceso de modernización de la trama y laicización de la sociedad en que las manzanas de los conventos se urbanizan adcribiéndose al orden regular y las iglesias se identifican con las operaciones neoclásicas de los nuevos edificios de la república. La ciudad definitivamente se regulariza y disciplina.